Amados oyentes, el Salmo 98 es una invitación poderosa y urgente a levantar nuestra voz y nuestro corazón delante de Dios. El salmista comienza diciendo: “Cantad a Jehová cántico nuevo, porque ha hecho maravillas”. No dice “canten si todo está bien”, ni “canten cuando no haya problemas”, sino canten porque Dios ha hecho maravillas. Y eso, hermanos, es una verdad que no cambia con las circunstancias.
Un cántico nuevo no es solo una canción diferente, es una experiencia fresca con Dios. Es cuando el Espíritu Santo renueva nuestra fe, cuando recordamos que el mismo Dios que abrió el mar, que sanó enfermos y que levantó a los caídos, sigue obrando hoy. En medio de pruebas, de luchas económicas, familiares o espirituales, el Salmo 98 nos llama a no quedarnos callados, sino a adorar con expectativa.
El salmo también dice que la diestra de Jehová le ha dado la victoria. Esto nos recuerda que la victoria no viene por nuestra fuerza, ni por nuestra sabiduría, sino por el poder de Dios. El pueblo pentecostal entiende esto muy bien: dependemos del Espíritu Santo, de Su fuego, de Su guía. Cuando ya no sabemos qué hacer, Dios pelea nuestras batallas. Cuando sentimos que no podemos más, Su diestra poderosa nos sostiene.
Luego el salmista declara que Dios ha manifestado Su salvación y Su justicia a la vista de las naciones. Esto nos habla de un Dios que no se esconde, de un Dios que se glorifica públicamente. Lo que Él hace en tu vida no es solo para ti; es un testimonio para otros. Tu proceso, tu restauración, tu milagro, pueden ser la evidencia viva de que Dios sigue salvando, sanando y libertando.
Más adelante, el Salmo 98 nos llama a hacer ruido: “Cantad alegres a Jehová, toda la tierra”. No es una alabanza tímida, es una alabanza con gozo, con palmas, con voz fuerte. La alabanza pentecostal nace de un corazón agradecido y lleno del Espíritu. Cuando alabamos, algo se mueve en el mundo espiritual. Las cadenas se rompen, la fe se levanta y la presencia de Dios se manifiesta.
Y el salmo termina recordándonos que el Señor viene a juzgar la tierra con justicia y rectitud. Esto no debe llenarnos de miedo, sino de esperanza. Servimos a un Dios justo, que ve nuestras lágrimas, que conoce nuestras luchas y que tiene la última palabra. Nada queda fuera de Su control.
Así que hoy, amado oyente, levanta un cántico nuevo. Aunque no lo veas todo claro, aunque el camino parezca difícil, alaba. Porque Dios ha hecho maravillas, las está haciendo hoy y las seguirá haciendo mañana. Que nuestra alabanza sea constante, nuestra fe firme y nuestro corazón sensible a la voz del Espíritu Santo.
Dios te bendiga, y que Su gozo llene tu vida.
