El capítulo 30 del libro de Ezequiel nos confronta con una verdad solemne pero necesaria: Dios es soberano sobre todas las naciones y nada escapa a Su juicio. El profeta anuncia la caída de Egipto, una potencia que confiaba en su fuerza, en sus alianzas y en su poder humano, pero que había dejado a Dios fuera de la ecuación.
La Palabra declara: “Porque cercano está el día, cercano está el día de Jehová” (Ezequiel 30:3). Este “día del Señor” no es solo un tiempo de juicio, sino también un llamado urgente al arrepentimiento y a la reflexión espiritual. Dios no habla por capricho; Él advierte antes de actuar, porque su deseo no es la destrucción, sino que el ser humano vuelva su corazón a Él.
Egipto representa a todo sistema que se levanta con orgullo, creyendo que no necesita a Dios. Y aquí hay una lección poderosa para nosotros hoy: cuando la confianza está puesta en lo material, en el poder, en el dinero o en el hombre, tarde o temprano todo eso se derrumba. Solo Dios permanece firme.
En el contexto pentecostal, este pasaje nos recuerda que no podemos vivir de apariencias espirituales ni de una fe superficial. Dios busca un pueblo lleno de Su Espíritu, pero también humilde, obediente y sensible a Su voz. No basta con decir que creemos; debemos vivir conforme a Su voluntad.
Ezequiel 30 también nos enseña que Dios permite que caigan los apoyos falsos para que aprendamos a depender únicamente de Él. A veces, cuando nuestras “seguridades” se rompen, es porque el Señor está llamándonos a un nivel más profundo de fe y consagración.
Hoy el mensaje sigue siendo vigente: el día del Señor se acerca, y como iglesia debemos estar despiertos, llenos del Espíritu Santo, viviendo en santidad y proclamando la verdad sin temor. No es tiempo de confiar en Egipto, sino de confiar en Jehová de los ejércitos.
Que esta Palabra nos lleve a examinarnos, a volver al altar, y a decir como pueblo de Dios:
“Señor, solo en Ti confiamos” 🔥🙏
