“Hoy, si oís Su voz”

Hebreos 3

Hebreos capítulo 3 es una exhortación poderosa y muy necesaria para la iglesia de todos los tiempos. No es un mensaje ligero ni superficial; es una llamada directa del Espíritu Santo al corazón del creyente. En este capítulo, Dios nos invita a mirar con atención a Jesucristo, a examinar nuestra fe y a responder con obediencia hoy, antes de que el corazón se endurezca.

El capítulo comienza diciéndonos:

“Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús”.

Aquí la Palabra nos recuerda quién es Jesús para nosotros. Él no es solo un personaje bíblico ni un recuerdo del pasado; Él es nuestro Sumo Sacerdote vivo, el que intercede, el que nos entiende, el que camina con nosotros. El autor de Hebreos compara a Jesús con Moisés, una de las figuras más grandes del Antiguo Testamento, y nos deja claro que, aunque Moisés fue fiel como siervo, Cristo es fiel como Hijo sobre la casa de Dios, y esa casa somos nosotros.

Pero esta promesa viene acompañada de una condición muy seria:

“Si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza”.

La fe no es solo empezar bien, es perseverar. No basta con haber tenido una experiencia poderosa con Dios en el pasado; necesitamos mantener viva nuestra fe en el presente. Muchos comenzaron con entusiasmo, con fuego, con pasión, pero con el paso del tiempo se enfriaron, se cansaron o se acomodaron. Hebreos 3 nos confronta con una pregunta silenciosa: ¿cómo está hoy tu corazón delante de Dios?

Luego el Espíritu Santo nos habla citando el Salmo 95:

“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”.

La palabra “HOY” se repite una y otra vez en este capítulo, porque Dios sabe que la postergación espiritual es peligrosa. El endurecimiento del corazón no sucede de repente; sucede cuando escuchamos la voz de Dios y decidimos dejarla para después. Hoy no perdonamos, hoy no obedecemos, hoy no cambiamos… y sin darnos cuenta, el corazón se vuelve insensible.

El ejemplo del pueblo de Israel es una advertencia solemne. Ellos vieron milagros, señales y maravillas. Caminaron en medio del mar abierto, comieron maná del cielo y bebieron agua de la roca. Sin embargo, su problema no fue la falta de señales, sino la incredulidad. No confiaron plenamente en Dios, y esa incredulidad los llevó a murmurar, desobedecer y finalmente perder el reposo prometido.

Hebreos 3:12 nos exhorta con amor y seriedad:

“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo”.

La incredulidad no siempre se manifiesta como rebeldía abierta. A veces se manifiesta como cansancio espiritual, apatía, rutina religiosa o falta de pasión por las cosas de Dios. Por eso la Palabra nos anima a exhortarnos unos a otros cada día, porque la fe también se fortalece en la comunión y en el acompañamiento espiritual.

Este capítulo nos enseña que el peligro más grande no es el enemigo externo, sino un corazón que deja de creer. Cuando el corazón se endurece, la voz de Dios se escucha cada vez más lejana. Pero hoy, mientras lees esta reflexión, el Espíritu Santo sigue hablando, sigue llamando, sigue tocando la puerta del corazón.

El mensaje central de Hebreos 3 es claro:
🔹 Escucha la voz de Dios
🔹 No postergues la obediencia
🔹 Persevera en la fe
🔹 Guarda tu corazón sensible

Dios todavía ofrece Su reposo. Su gracia sigue disponible. Su misericordia no se ha agotado. Hoy es el día para volver a confiar, para renovar el compromiso, para responder con fe viva.

Que esta Palabra nos lleve a examinarnos con sinceridad, a rendir nuestro corazón delante de Dios y a decir: “Señor, no quiero endurecerme; quiero oír Tu voz y obedecerte hoy”.

Porque hoy, mientras hay tiempo, mientras Su voz se escucha, todavía podemos responder.

Que el Señor bendiga a cada lector de esta página radial y que Su Espíritu Santo ministre profundamente su corazón.

Amén. 🙏🔥📖

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