Lectura bíblica: Evangelio de Lucas:45
Dios les bendiga, amados hermanos y amigos. En esta oportunidad quiero compartir una reflexión basada en la Palabra de Dios, en Lucas 20:45.
La Biblia dice que, mientras todo el pueblo escuchaba, Jesús habló a sus discípulos y les advirtió acerca de los escribas. El Señor les dijo que tuvieran cuidado de aquellos que amaban andar con largas vestiduras, que buscaban los saludos en las plazas, los primeros asientos en las sinagogas y los lugares de honor en los banquetes. Sin embargo, detrás de esa apariencia de espiritualidad escondían un corazón lleno de orgullo y de injusticia.
Este pasaje nos enseña una verdad que sigue siendo muy actual. Dios nunca se deja impresionar por las apariencias. Nosotros podemos impresionar a las personas con palabras bonitas, con una imagen religiosa o con una posición importante, pero el Señor siempre mira el corazón.
Vivimos en una época donde muchas personas buscan ser reconocidas. Las redes sociales han aumentado el deseo de recibir aplausos, aprobación y admiración. Incluso, este peligro puede entrar en la vida cristiana. Podemos llegar a preocuparnos más por lo que la gente piensa de nosotros que por agradar a Dios.
Jesús nos llama a vivir una fe genuina. Él no condenó a los escribas por usar determinada ropa o por ocupar un lugar importante, sino porque su corazón estaba lejos de Dios. Mientras aparentaban santidad, cometían injusticias y abusaban de los más débiles. Esa doble vida fue lo que el Señor reprendió con firmeza.
Esta enseñanza también nos invita a examinarnos. No debemos preguntarnos solamente: “¿Cómo me ven los demás?”, sino: “¿Cómo me ve Dios?”. Él conoce nuestros pensamientos, nuestras intenciones y los motivos por los cuales hacemos cada cosa.
Quizá nadie conozca nuestras luchas, pero Dios las conoce. Tal vez las personas nos feliciten por lo que hacemos, pero el Señor sabe si lo hacemos por amor a Él o para recibir reconocimiento.
La verdadera grandeza en el Reino de Dios no consiste en ocupar el primer lugar. Jesús enseñó que el mayor es el que sirve. El verdadero discípulo no busca ser exaltado; busca exaltar a Cristo. No busca su propia gloria; busca que el nombre de Jesús sea glorificado.
Cuando servimos con humildad, aunque nadie nos aplauda, el Señor lo ve. Cuando ayudamos a alguien en silencio, Dios lo recompensa. Cuando oramos en lo secreto, el Padre que ve en lo secreto nos bendice. Nuestro servicio nunca pasa desapercibido delante de los ojos de Dios.
Hoy es un buen momento para pedirle al Espíritu Santo que examine nuestro corazón. Si hay orgullo, que lo quite. Si hay hipocresía, que nos transforme. Si estamos viviendo para agradar a las personas, que nos ayude a volver a vivir únicamente para agradar a Cristo.
Recordemos que el cristianismo no es una apariencia; es una transformación interior. No es una máscara religiosa; es una nueva vida producida por el poder del Espíritu Santo. Dios desea hijos sinceros, humildes y obedientes.
Que cada uno de nosotros pueda decir como el salmista: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón”. Que nuestras palabras, nuestras acciones y nuestro servicio reflejen el amor de Cristo, no para recibir gloria humana, sino para que el mundo vea la luz de Jesús en nuestras vidas.
Oremos.
Padre celestial, te damos gracias por tu Palabra. Gracias porque nos adviertes del peligro de vivir una vida de apariencias. Ayúdanos a caminar con humildad, con sinceridad y con un corazón limpio delante de Ti. Examina nuestra vida y transforma todo aquello que no te agrada. Que nunca busquemos nuestra propia gloria, sino que en todo Cristo sea exaltado. Llénanos de tu Espíritu Santo y ayúdanos a servir con amor y fidelidad todos los días de nuestra vida. En el nombre de Jesús. Amén.
Que Dios les bendiga.
