“Y me dijo: Estas palabras son fieles y verdaderas. Y el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, ha enviado su ángel para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto.”— Apocalipsis 22:6
En un mundo saturado de noticias falsas, promesas rotas y palabras que se las lleva el viento, Apocalipsis 22:6 se levanta como una declaración firme y esperanzadora: “Estas palabras son fieles y verdaderas.” No es solo una frase de cierre bíblico, es una afirmación divina que nos recuerda que Dios cumple lo que dice.
Este versículo aparece casi al final de la Biblia, como si el Señor quisiera asegurarse de que, después de leer todo —la creación, la caída, la redención, la cruz, la resurrección y la esperanza futura— no quedara ninguna duda: su Palabra es confiable. Lo que Dios ha dicho no es simbólico en el sentido de ser incierto, ni poético en el sentido de ser opcional. Es verdad eterna.
Vivimos tiempos donde muchos se preguntan si Dios sigue hablando, si sus promesas siguen vigentes, o si la fe todavía tiene sentido en medio del caos. Y aquí, en este versículo, Dios responde con claridad: Yo sigo siendo el mismo, y lo que he dicho se cumplirá.
El texto también nos recuerda que Dios es “el Dios de los espíritus de los profetas”. Esto significa que Él fue quien inspiró a aquellos hombres y mujeres que hablaron en su nombre. No eran opiniones humanas ni ideas religiosas, sino mensajes nacidos del corazón de Dios para su pueblo. La Biblia no es un libro viejo; es una voz viva que sigue hablando hoy.
Además, el pasaje dice que estas cosas “deben suceder pronto”. Esto no debe llenarnos de miedo, sino de urgencia espiritual. Urgencia para vivir una fe auténtica, para amar más, para perdonar, para anunciar esperanza, para volver nuestro corazón a Dios. No sabemos el día ni la hora, pero sí sabemos que cada día es una oportunidad para caminar más cerca de Él.
Para ti que lees o escuchas esta reflexión desde nuestra radio web, quizá cargando preocupaciones, luchas o dudas, este versículo es un recordatorio poderoso: Dios no se ha olvidado de ti. Sus promesas siguen en pie. Su justicia llegará. Su reino se manifestará plenamente. Y mientras tanto, Él sigue hablando, guiando y sosteniendo a sus siervos.
Apocalipsis no termina con destrucción, termina con certeza. La certeza de que Dios reina. La certeza de que el mal no tendrá la última palabra. La certeza de que su verdad permanece.
Que hoy podamos aferrarnos a esta declaración: las palabras de Dios son fieles y verdaderas. Y que esa verdad nos impulse a vivir con fe, esperanza y obediencia, sabiendo que todo lo que Él ha prometido, lo cumplirá.
Amén.
