Marcos 1: El inicio del Evangelio
El Evangelio según Marcos comienza con una afirmación fundamental para la fe cristiana:
“Principio del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (Mc 1:1).
Esta frase establece desde el inicio el eje teológico del libro: el evangelio no es una idea ni una filosofía religiosa, sino la revelación de una Persona. Jesús es el Cristo y es el Hijo de Dios.
Marcos no inicia con un relato del nacimiento de Jesús, sino con el comienzo de su ministerio público, destacando la urgencia del Reino de Dios. Su narrativa es breve, directa y cargada de autoridad, mostrando a Cristo en acción.
Juan el Bautista y la teología del arrepentimiento (Mc 1:2–8)
Juan el Bautista aparece como el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. Su mensaje de arrepentimiento revela una verdad teológica esencial: la preparación del corazón es necesaria para recibir la obra de Dios.
El arrepentimiento bíblico no se limita a una emoción momentánea, sino que implica un cambio profundo de mente y conducta. En la economía del Reino, el arrepentimiento es la respuesta humana a la iniciativa divina. Sin arrepentimiento, no hay transformación genuina.
El bautismo de Jesús y la revelación trinitaria (Mc 1:9–11)
En el bautismo de Jesús se manifiesta claramente la Trinidad: el Padre habla, el Hijo obedece y el Espíritu Santo desciende. Teológicamente, este evento confirma la identidad mesiánica de Cristo y su consagración para la misión redentora.
Jesús, aunque sin pecado, se identifica con la humanidad caída. Esto anticipa su obra en la cruz, donde cargará con el pecado del mundo. La misión de Cristo está marcada por obediencia, humildad y dependencia del Espíritu.
El desierto: prueba, obediencia y victoria (Mc 1:12–13)
El Espíritu conduce a Jesús al desierto, lugar de prueba y confrontación. Este pasaje demuestra que la guía del Espíritu no excluye el sufrimiento, pero sí asegura la fidelidad de Dios en medio de la prueba.
Jesús vence la tentación y se presenta como el Hijo obediente, capaz de inaugurar el nuevo pacto. Teológicamente, Él triunfa donde Israel fracasó, mostrando que el Reino de Dios se establece sobre la obediencia perfecta del Hijo.
El Reino de Dios como eje del mensaje de Jesús (Mc 1:14–15)
El centro de la predicación de Jesús es el Reino de Dios. Este Reino no es meramente futuro, sino una realidad presente que irrumpe en la historia humana. Donde Cristo está, el Reino se manifiesta con poder, justicia y restauración.
La respuesta al Reino es clara: arrepentimiento y fe. No se trata solo de creer doctrinas, sino de someter la vida al gobierno de Dios.
Autoridad y poder en la misión de Jesús (Mc 1:21–45)
Marcos destaca la autoridad de Jesús tanto en su enseñanza como en sus obras. Él expulsa demonios, sana enfermos y limpia al leproso, mostrando que el Reino confronta todas las expresiones del mal.
Desde una perspectiva pentecostal, este pasaje afirma que el Evangelio verdadero es palabra y poder. La iglesia está llamada a mantener fidelidad doctrinal y apertura a la obra viva del Espíritu Santo.
Conclusión
Marcos capítulo 1 presenta a Jesucristo como el Mesías ungido, el Hijo de Dios y el Rey del Reino que ha llegado. El Evangelio es la irrupción de Dios en la historia humana para redimir, restaurar y gobernar.
Aceptar el Evangelio implica una respuesta integral: arrepentimiento, fe y obediencia. Donde Cristo reina, el Reino se manifiesta, y donde el Reino se manifiesta, hay transformación verdadera.
