Reflexión: Obediencia antes que sacrificio
La Palabra de Dios es clara cuando dice:
“¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios” (1 Samuel 15:22).
Vivimos tiempos en los que muchas veces se intenta justificar la desobediencia con buenas intenciones, con talento, con carisma o incluso con resultados visibles. Pero Dios no edifica Su obra sobre emociones ni sacrificios humanos, sino sobre obediencia a Su Palabra.
La Biblia establece requisitos claros para el liderazgo espiritual. Cuando Dios habla de que el pastor debe ser “marido de una sola mujer”, no lo hace para excluir por capricho, sino para proteger la santidad del ministerio y el testimonio de la iglesia. El llamado pastoral no es un derecho, es una responsabilidad sagrada.
Esto no significa que Dios no perdone, no restaure o no ame profundamente a quien ha fallado. La gracia de Dios es real y poderosa. Pero la Escritura nos enseña que perdón no siempre equivale a restitución de funciones. Hay personas restauradas para salvación, para servicio y para fruto, aunque no necesariamente para ocupar un cargo específico.
Saúl quiso compensar su desobediencia con sacrificios, pero Dios rechazó esa actitud. De la misma manera, ningún ministerio, por exitoso que parezca, puede sustituir la obediencia a lo que Dios ya dejó establecido en Su Palabra.
Como iglesia, estamos llamados a amar sin condenar, pero también a guardar el orden bíblico sin negociar la verdad. La obediencia honra a Dios, cuida al rebaño y preserva la autoridad espiritual.
Que nunca pongamos el sacrificio humano por encima de la obediencia divina. Porque cuando obedecemos, glorificamos a Dios; y cuando desobedecemos, aunque haya buenas intenciones, deshonramos Su nombre.
Que el Señor nos conceda corazones humildes, temerosos y obedientes a Su Palabra.
