Amigo y amiga que nos escuchas, hoy llegamos a Apocalipsis capítulo 22, el último capítulo de la Biblia. Y no es casualidad que Dios cierre Su Palabra con una invitación clara, urgente y llena de amor para toda la humanidad.
El capítulo comienza mostrándonos un río de agua de vida, que fluye del trono de Dios y del Cordero. Este río representa la vida eterna que solo Jesucristo puede dar. Muchos buscan llenar su corazón con cosas de este mundo, pero siguen vacíos. La Palabra nos recuerda hoy que solo Cristo es la fuente de vida verdadera.
También vemos el árbol de la vida, cuyas hojas son para la sanidad de las naciones. Esto nos habla de restauración. Tal vez tu vida está marcada por el pecado, por malas decisiones o por heridas profundas. Pero Dios no te rechaza; Dios te ofrece sanidad y perdón a través de Jesucristo.
Apocalipsis 22 nos dice algo poderoso: “Y no habrá más maldición”. El pecado trajo maldición, muerte y separación de Dios. Pero Jesús, en la cruz, cargó con nuestra maldición para darnos salvación. La pregunta hoy no es si Dios quiere salvarte, porque Él ya lo demostró, sino si estás dispuesto a dejar el pecado y rendir tu vida a Cristo.
Más adelante, Jesús mismo declara: “He aquí, vengo pronto”. Esta es una advertencia llena de misericordia. Cristo viene, y Su venida será gloriosa para los que le obedecen, pero será seria para los que rechazan Su gracia. Por eso la Biblia dice: “El que es injusto, sea injusto todavía… y el que es santo, santifíquese todavía”. Hoy es el día para decidir de qué lado estamos.
La santidad no es una opción, es el llamado de Dios. Nadie verá al Señor sin santidad. No se trata de religión ni de apariencias, sino de un corazón transformado, apartado del pecado y rendido a Cristo. Dios sigue buscando hombres y mujeres que vivan en obediencia y pureza, no por fuerza, sino por amor.
Y aquí está la invitación final de la Biblia:
“El Espíritu y la Esposa dicen: Ven… y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”
Amigo oyente, esta invitación es para ti. Todavía hay tiempo. No importa tu pasado, ni cuán lejos creas estar de Dios. Hoy puedes venir a Cristo, arrepentirte de tus pecados y recibir vida eterna. Pero mañana no está garantizado.
La Biblia termina con una oración que debe nacer de un corazón rendido:
“Amén. Sí, ven, Señor Jesús.”
Que hoy no solo escuches esta Palabra, sino que respondas a ella. Arrepiéntete, busca a Dios, vive en santidad y prepárate, porque Cristo viene pronto.
La gracia del Señor Jesucristo sea con todos ustedes. Amén.
