Cuando estábamos lejos, Dios nos acercó

Efesios 2:11

“Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.”

Hay momentos en nuestra vida en los que necesitamos detenernos y recordar de dónde venimos. No para quedarnos viviendo en el pasado, sino para reconocer todo lo que Dios ha hecho por nosotros.

Pablo comienza este pasaje diciendo: “Acordaos”.

Qué palabra tan importante.

Dios sabe que con facilidad podemos olvidar. Cuando llegan las dificultades podemos olvidar las veces que Él nos ayudó. Cuando enfrentamos una nueva prueba podemos olvidar que ya hemos pasado por otras y que el Señor nos sostuvo. Cuando recibimos una bendición podemos olvidar quién fue el que abrió la puerta.

Por eso necesitamos recordar.

Efesios 2:11 nos lleva a pensar en una condición que existía antes de que Cristo transformara nuestras vidas. Pablo les recuerda a los creyentes que hubo un tiempo en que estaban lejos de las promesas de Dios y separados de su pueblo.

Y esa realidad también nos ayuda a comprender nuestra propia historia.

Tal vez hubo un tiempo en el que estabas lejos de Dios.

Quizás conocías de Dios pero no tenías una relación verdadera con Él. Tal vez tu corazón estaba lleno de preocupaciones. Quizás buscabas respuestas en muchos lugares y no encontrabas la paz que necesitabas.

Puede que hayas cometido errores que todavía recuerdas.

Puede que existan decisiones de tu pasado que hoy te duelen.

Pero hay algo que nunca debemos olvidar: nuestro pasado no es más grande que la gracia de Dios.

Dios tiene la capacidad de transformar vidas.

Él puede tomar a una persona que estaba perdida y darle dirección. Puede tomar un corazón herido y comenzar a restaurarlo. Puede levantar al que cayó y darle nuevas fuerzas para continuar.

Quizás hoy alguien que está leyendo estas palabras piensa que está demasiado lejos de Dios.

Quizás has pensado que tus errores son demasiado grandes para que Dios pueda perdonarte.

Pero quiero recordarte algo: Dios no te está llamando porque seas perfecto. Te está llamando porque te ama.

No tienes que presentarte delante de Dios fingiendo que todo está bien.

Puedes acercarte con tus lágrimas.

Puedes acercarte con tus preguntas.

Puedes acercarte con tus luchas.

Puedes acercarte con un corazón cansado.

Dios conoce lo que llevas dentro.

Él conoce aquello que nunca le has contado a nadie.

Conoce tus noches difíciles. Conoce tus preocupaciones. Conoce tus temores y conoce también las veces que has sonreído delante de los demás mientras por dentro estabas luchando.

Y aun conociéndolo todo, Dios continúa extendiendo su mano.

Por eso este mensaje no solamente nos invita a recordar de dónde venimos. También nos invita a reconocer quién fue el que nos acercó nuevamente a Dios.

No fue nuestra fuerza.

No fue nuestra capacidad.

No fueron nuestros méritos.

Fue la gracia de Dios.

Y cuando comprendemos esto, nuestro corazón aprende a vivir con humildad y gratitud.

Tal vez hoy puedes mirar hacia atrás y reconocer que hubo momentos en los que no sabías cómo ibas a salir adelante. Sin embargo, Dios abrió un camino.

Hubo momentos en los que pensaste que no tendrías fuerzas para continuar. Pero Dios te sostuvo.

Hubo momentos en los que lloraste y nadie sabía lo que estabas viviendo. Pero Dios conocía cada lágrima.

Por eso no olvides lo que Él ha hecho.

Cuando llegue una nueva dificultad, recuerda sus obras.

Cuando tengas miedo, recuerda su fidelidad.

Cuando te sientas débil, recuerda que Dios te ha sostenido antes.

Cuando pienses que no existe esperanza, recuerda que Dios todavía puede hacer cosas nuevas.

La vida cristiana no significa que nunca tendremos problemas. Significa que no tenemos que enfrentarlos solos.

Podemos caminar con Dios aun en medio de las dificultades.

Y cuando estamos cerca de Él encontramos algo que ninguna cosa material puede comprar: esperanza para continuar.

Quizás hoy necesitas volver a acercarte al Señor.

No esperes a sentirte perfecto.

No esperes a tener todas las respuestas.

No esperes a que desaparezcan todos tus problemas.

Comienza simplemente acercándote a Dios.

Háblale en oración.

Abre su Palabra.

Busca su presencia.

Entrégale tus cargas.

Y permite que Él vuelva a ocupar el primer lugar en tu corazón.

Efesios 2:11 nos recuerda que hubo un tiempo en que estábamos lejos. Pero el mensaje de todo este capítulo nos conduce hacia una verdad mucho más hermosa: Dios no quiso dejarnos lejos.

Cristo vino para acercarnos.

Por eso, si hoy te sientes distante de Dios, no pienses que tu historia terminó.

Todavía puedes volver.

Todavía puedes buscarlo.

Todavía puedes experimentar su gracia.

Todavía puedes comenzar de nuevo.

No permitas que el peso de tu pasado te impida caminar hacia el futuro que Dios tiene para ti.

Recuerda de dónde venías, pero no olvides hacia dónde Dios te está llevando.

Y sobre todo, recuerda que si hoy tienes esperanza, es porque la gracia de Dios todavía está obrando en tu vida.

Oración

Señor, gracias porque aunque hubo un tiempo en que estuvimos lejos de Ti, Tú nos llamaste y nos acercaste a tu presencia.

Ayúdanos a nunca olvidar lo que has hecho por nosotros.

Cuando enfrentemos dificultades, recuérdanos tu fidelidad. Cuando nos sintamos débiles, danos nuevas fuerzas. Cuando el pasado quiera condenarnos, ayúdanos a recordar que tu gracia es mayor que nuestros errores.

Acerca nuevamente a quienes hoy se sienten lejos de Ti. Sana los corazones heridos, restaura la esperanza y permite que cada persona que lea esta reflexión pueda experimentar tu amor y tu presencia.

En el nombre de Jesús.

Amén.

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