Tema: “Lo que permanece para siempre”
Lectura bíblica: Lucas 21:5
En esta ocasión encontramos a algunas personas admirando el templo de Jerusalén. Era una construcción impresionante. Sus enormes piedras, el brillo de sus adornos y las ofrendas que lo embellecían dejaban a cualquiera maravillado. A los ojos humanos, parecía una obra eterna, imposible de destruir.
Sin embargo, Jesús, mirando más allá de las apariencias, pronunció unas palabras que sorprendieron a todos. Él les anunció que llegaría el día en que de aquel templo no quedaría piedra sobre piedra.
¿Qué quería enseñar el Señor?
Jesús estaba mostrando una verdad que sigue siendo necesaria en nuestros días: todo lo material es temporal, pero lo espiritual permanece para siempre.
Vivimos en una generación que admira los edificios, las riquezas, la tecnología, la fama y el éxito. Muchas personas dedican toda su vida a construir un patrimonio, una reputación o una posición social, creyendo que eso les dará seguridad. Pero la historia demuestra que todo puede cambiar en un instante.
Una enfermedad puede llegar sin avisar.
Una crisis económica puede borrar años de trabajo.
Un desastre natural puede destruir ciudades enteras.
La juventud pasa.
Las fuerzas disminuyen.
Los tesoros se quedan en esta tierra.
Jesús nunca dijo que fuera malo tener bienes materiales. Lo que Él enseñó es que nuestro corazón no debe depender de ellos.
El templo era hermoso, pero Dios no habita solamente en edificios hechos por manos humanas. Hoy el Señor desea morar en el corazón de aquellos que le buscan con sinceridad.
Muchas veces cuidamos más la apariencia exterior que la condición del alma. Nos preocupamos por cómo nos ven las personas, pero olvidamos cómo nos ve Dios.
Podemos tener una casa hermosa y un corazón vacío.
Podemos vestir muy bien y estar espiritualmente descuidados.
Podemos recibir el aplauso del mundo mientras nuestro altar personal está apagado.
Dios mira mucho más profundo.
Él observa nuestras decisiones, nuestros pensamientos, nuestra fidelidad y nuestro amor hacia Él.
Cuando Jesús habló sobre la destrucción del templo, también estaba preparando a sus discípulos para no poner su confianza en lo visible. Su fe debía descansar únicamente en Dios.
Y esa enseñanza sigue siendo actual.
Nuestra confianza no debe estar en un empleo.
No debe estar en una cuenta bancaria.
No debe estar en un gobierno.
No debe estar en una denominación.
Debe estar únicamente en Jesucristo.
Porque cuando todo alrededor cambia, Él permanece igual.
Cuando las personas fallan, Cristo permanece fiel.
Cuando las circunstancias parecen derrumbarse, la roca sigue firme.
Tal vez hoy estás atravesando momentos difíciles y sientes que todo lo que habías construido se está cayendo.
Quizá un sueño terminó.
Tal vez perdiste algo muy valioso.
Quizás estás enfrentando incertidumbre.
Recuerda que Dios puede levantar una vida aun cuando todo parece destruido.
Los hombres levantan edificios.
Pero Dios levanta corazones.
Los hombres construyen monumentos.
Pero Dios construye vidas eternas.
Jesús vino para ofrecernos algo que jamás podrá ser destruido: la salvación.
El reino de Dios no depende de piedras ni de edificios.
Su reino vive en los corazones transformados por el Espíritu Santo.
Cada día debemos preguntarnos:
¿Estoy edificando solamente para esta vida o también para la eternidad?
¿Estoy invirtiendo tiempo en conocer más a Dios?
¿Estoy fortaleciendo mi relación con Cristo?
¿Estoy viviendo una vida que glorifica al Señor?
Porque llegará un día en que todo lo visible desaparecerá, pero quienes permanecen en Cristo vivirán para siempre.
Hoy es un buen momento para volver nuestra mirada hacia lo eterno.
No pongamos nuestro corazón en aquello que un día desaparecerá.
Pongamos nuestra esperanza en Jesucristo, quien es el mismo ayer, hoy y por los siglos.
Que nuestra mayor riqueza sea su presencia.
Que nuestro mayor tesoro sea su Palabra.
Que nuestra mayor alegría sea servirle con fidelidad hasta el final.
Oración
Señor amado, gracias porque Tú nos recuerdas que las cosas materiales son pasajeras, pero Tu reino permanece para siempre. Ayúdanos a no vivir solamente para esta tierra, sino a buscar primero Tu voluntad. Fortalece nuestra fe para que nuestra confianza esté únicamente en Ti. Edifica nuestra vida sobre la roca firme que es Cristo Jesús. Que cuando todo cambie a nuestro alrededor, permanezcamos firmes porque Tú nunca cambias. En el nombre de Jesús. Amén.
