Corre con paciencia la carrera

Hebreos 12 nos presenta una imagen muy hermosa de la vida cristiana: una carrera. No una carrera de velocidad, sino una carrera de perseverancia. Una carrera en la que muchas veces habrá cansancio, obstáculos, momentos de duda y situaciones que intentarán hacernos detener.

La Palabra de Dios nos dice que estamos rodeados de una gran nube de testigos y nos invita a despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia, para correr con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús.

Qué importante es recordar esto hoy.

Hay momentos en los que sentimos que ya no podemos continuar. Oramos y parece que la respuesta tarda. Luchamos por nuestra familia, por nuestros hijos, por nuestro matrimonio, por nuestro trabajo, por nuestros sueños, y algunas veces sentimos que las fuerzas se nos están terminando.

Pero Hebreos 12 nos recuerda que el cansancio no significa que Dios nos haya abandonado.

Quizás estás atravesando una temporada difícil, pero eso no quiere decir que tu historia haya terminado.

No mires solamente el camino; mira a Jesús

Uno de los mayores peligros durante una carrera es dejar de mirar hacia la meta. Cuando solamente observamos los obstáculos, podemos perder el ánimo.

Por eso Hebreos nos dice que debemos poner nuestros ojos en Jesús.

Jesús también sufrió. Jesús conoció el rechazo, el dolor, las lágrimas y la cruz. Sin embargo, no abandonó la misión que el Padre le había entregado.

Y aquí encontramos una enseñanza poderosa: no siempre podremos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí podemos decidir hacia dónde dirigimos nuestra mirada.

Si miramos constantemente nuestros problemas, el miedo puede crecer.

Si miramos nuestras limitaciones, podemos sentirnos incapaces.

Si miramos las circunstancias, podemos perder la esperanza.

Pero cuando levantamos nuestros ojos hacia Cristo, recordamos que nuestra fuerza no depende solamente de lo que nosotros podemos hacer.

Nuestra esperanza está en Él.

Hay pesos que debemos dejar

Hebreos también habla de despojarnos de todo peso.

No todo lo que llevamos necesariamente es pecado. Algunas cosas simplemente se han convertido en cargas que nos están impidiendo avanzar.

Hay personas que llevan durante años el peso de una herida del pasado.

Otros cargan con palabras que alguien les dijo.

Algunos viven atrapados en la culpa por errores que Dios ya perdonó.

Otros cargan preocupaciones por cosas que todavía ni siquiera han sucedido.

Y mientras seguimos acumulando peso, queremos correr la carrera de la fe con la misma fuerza de antes.

Pero llega un momento en que Dios nos dice: “Entrégame esa carga.”

No tienes que llevarlo todo tú.

Hay cosas que necesitan ser colocadas en las manos de Dios.

Perdonar no significa decir que lo que ocurrió estuvo bien. Significa decidir que aquello que te hizo daño no continuará gobernando tu corazón.

Soltar una carga no significa que nunca dolió. Significa que has decidido seguir caminando a pesar del dolor.

No desprecies los procesos de Dios

Hebreos 12 también nos habla de la disciplina del Señor.

Esta parte puede resultar difícil de entender, porque muchas veces queremos que Dios nos dé respuestas inmediatas. Queremos que abra las puertas rápidamente, que cambie las circunstancias rápidamente y que resuelva nuestros problemas rápidamente.

Pero Dios también trabaja en nosotros mientras esperamos.

Hay procesos que no entendemos hoy y que solamente comprenderemos después.

Dios no solamente quiere cambiar nuestras circunstancias; muchas veces quiere formar nuestro carácter en medio de ellas.

Una semilla necesita tiempo antes de convertirse en árbol.

Una herida necesita tiempo para sanar.

Una persona necesita tiempo para madurar.

Y nuestra fe también necesita atravesar procesos.

Por eso, si hoy estás pasando por una temporada difícil, no pienses automáticamente que Dios se olvidó de ti.

Tal vez, mientras tú estás esperando que Dios cambie algo afuera, Él está haciendo algo profundo dentro de ti.

Levanta las manos cansadas

Más adelante, Hebreos 12 nos anima a fortalecer las manos cansadas y las rodillas debilitadas.

Qué hermoso mensaje para alguien que está cansado.

Dios sabe cuando estás cansado.

Él conoce las lágrimas que nadie vio.

Conoce las noches en las que te acostaste preocupado.

Conoce las veces que sonreíste delante de otros mientras por dentro estabas luchando.

Y hoy su Palabra te recuerda:

No te rindas.

Tal vez necesitas descansar, pero no abandonar.

Tal vez necesitas llorar, pero no perder la esperanza.

Tal vez necesitas detenerte un momento para recuperar fuerzas, pero después vuelve a levantarte.

Porque la carrera todavía no terminó.

Sigue adelante

Quizás hoy no puedes correr como corrías antes.

No importa.

Camina.

Y si algún día solamente puedes avanzar lentamente, sigue avanzando.

Lo importante no es llegar primero.

Lo importante es permanecer fiel hasta el final.

Dios no te está comparando con otra persona.

Tu carrera es tuya.

Tu proceso es tuyo.

Tu historia es tuya.

Y Jesús estará contigo en cada etapa del camino.

Por eso, querido lector, si hoy estás cansado, recuerda Hebreos 12.

Quita el peso.

Levanta tu mirada.

Fortalece tu corazón.

Y sigue caminando.

No permitas que un momento difícil te haga tomar una decisión permanente.

No permitas que una decepción te haga abandonar tu fe.

No permitas que una respuesta que todavía no ha llegado te haga pensar que Dios no está obrando.

Hay una carrera delante de ti.

Y aunque el camino tenga dificultades, Jesús ya está esperándote en la meta.

Sigue adelante.

Corre con paciencia.

Mira a Cristo.

Y cuando tus fuerzas se terminen, recuerda que la gracia de Dios todavía es suficiente para sostenerte.

Oración:

Señor, hoy ponemos delante de ti nuestras cargas, nuestros temores y nuestro cansancio. Ayúdanos a dejar aquello que nos impide avanzar. Fortalece nuestras manos cansadas y nuestras rodillas debilitadas. Cuando no entendamos el camino, ayúdanos a confiar en ti. Cuando nos falten las fuerzas, recuérdanos que tú permaneces a nuestro lado. Y sobre todo, ayúdanos a mantener nuestros ojos puestos en Jesús. Que podamos continuar nuestra carrera con fe, paciencia y esperanza, hasta llegar a la meta que tú has preparado para nosotros. En el nombre de Jesús. Amén.

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