Lectura bíblica: Filipenses 1:6
«Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo».
Hay momentos en la vida en los que sentimos que nuestras fuerzas se están terminando. Momentos en los que miramos hacia atrás y recordamos nuestros errores, nuestras caídas, nuestras decisiones equivocadas y aquellas cosas que hubiéramos querido hacer de otra manera.
A veces nos preguntamos: ¿Por qué estoy pasando por esto? ¿Será que Dios se ha olvidado de mí? ¿Será que después de tantos errores todavía tengo una oportunidad?
Y hoy quiero decirte algo: ¡Dios todavía no ha terminado contigo!
Quizás las personas te han dado la espalda. Quizás alguien te ha juzgado por tu pasado. Tal vez has cometido errores que todavía te duelen en el corazón. Pero debes recordar que Dios no te mira de la misma manera que te mira el mundo.
El mundo suele recordar tus equivocaciones, pero Dios conoce tu corazón.
El mundo puede señalar tus heridas, pero Dios tiene poder para sanarlas.
El mundo puede decirte que ya no tienes oportunidades, pero Dios puede abrir una puerta donde todos los demás solamente ven una pared.
La Biblia nos habla de Pedro, un hombre que amaba a Jesús, pero que en un momento de temor lo negó tres veces.
Imagina por un instante lo que Pedro pudo haber sentido después de aquella noche. Seguramente había tristeza, vergüenza y un profundo dolor por haber negado al Maestro.
Sin embargo, Jesús no había terminado con Pedro.
Después de su resurrección, Jesús lo buscó, habló con él y le dio una nueva oportunidad. Aquel hombre que había negado a Cristo fue utilizado poderosamente para anunciar el evangelio.
¡Qué hermoso ejemplo de la misericordia de Dios!
Esto nos enseña que una caída no tiene que ser el final de nuestra historia. Cuando nos arrepentimos sinceramente y volvemos nuestro corazón al Señor, encontramos perdón, restauración y una nueva oportunidad para caminar con Él.
Quizás tú también has tenido momentos de debilidad. Quizás has orado y después has vuelto a cometer el mismo error. Quizás has llorado en silencio, sin que nadie conozca la batalla que estás enfrentando.
Pero no permitas que la culpa te aleje de Dios. Acércate a Él.
No esperes ser perfecto para buscar al Señor. Búscalo precisamente porque necesitas su ayuda.
En Isaías 41:10 encontramos una promesa maravillosa:
«No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo».
¡Qué palabras tan poderosas!
Dios no promete que nunca tendremos dificultades. Tampoco nos dice que todos nuestros días serán fáciles. Pero sí nos asegura que no estaremos solos.
Cuando te falten las fuerzas, Él puede sostenerte.
Cuando no encuentres el camino, Él puede guiar tus pasos.
Cuando tu corazón esté quebrantado, Él puede darte consuelo.
Y cuando pienses que ya no puedes continuar, recuerda que la fuerza de Dios es mayor que tus debilidades.
Hay algo que también debemos aprender: no podemos vivir permanentemente mirando nuestro pasado. Si Dios nos ha concedido un nuevo día, también nos está dando una nueva oportunidad para hacer las cosas mejor.
No desperdicies el presente lamentándote por lo que ya pasó.
Aprende de tus errores, pide perdón cuando sea necesario, perdona a quienes te han lastimado y continúa caminando con Cristo.
No todos los procesos son rápidos. Hay heridas que necesitan tiempo, oraciones que todavía esperan respuesta y puertas que Dios, en su voluntad, abrirá en el momento adecuado.
Pero mientras esperas, no abandones tu fe.
Sigue orando. Sigue leyendo su Palabra. Sigue confiando. Sigue haciendo el bien, aunque nadie te lo reconozca.
Porque tu relación con Dios no debe depender de cómo estén las circunstancias a tu alrededor.
Hoy quiero dejarte una pregunta para reflexionar:
¿Estás permitiendo que tus errores del pasado te impidan disfrutar de lo que Dios puede hacer en tu presente?
No olvides que tu historia todavía está en las manos del Señor.
Un pensamiento para guardar en el corazón:
No importa cuántas veces hayas llorado, cuántas batallas hayas enfrentado o cuántas veces hayas tenido que comenzar de nuevo. Mientras tengas vida, puedes buscar a Dios, crecer en su Palabra y caminar bajo su dirección.
No te rindas. No pierdas la esperanza. No permitas que las dificultades apaguen tu fe.
Dios todavía está obrando.
Una palabra del Salmo
El Salmo 34:18 nos recuerda:
«Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón».
Qué hermosa promesa para aquellos que están atravesando momentos difíciles. Dios no ignora las lágrimas de sus hijos. Él conoce nuestras luchas y escucha nuestras oraciones.
Oración final
Amado Padre celestial, hoy me acerco a tu presencia con un corazón agradecido.
Gracias porque, a pesar de mis errores y debilidades, tu misericordia sigue siendo grande.
Señor, fortalece a cada persona que está leyendo estas palabras. Abraza al que está triste, levanta al que se siente derrotado y dale esperanza al que piensa que ya no puede continuar.
Ayúdanos a dejar atrás aquello que nos impide avanzar. Enséñanos a confiar en tus promesas y a caminar cada día más cerca de ti.
Que nunca olvidemos que nuestra vida está en tus manos y que tu amor es más grande que cualquier dificultad.
En el nombre poderoso de Jesús.
Amén.
Dios te bendiga. Recuerda: tu pasado no tiene que definir tu futuro. Sigue adelante, porque Dios todavía no ha terminado contigo.
