“La fe que obra, persevera y vence”

Texto base: Santiago 5

Dios les bendiga, amados hermanos y amigos que nos leen. En esta oportunidad meditaremos en el capítulo 5 del libro de Santiago, un pasaje lleno de exhortación, esperanza y poder espiritual. Este capítulo nos recuerda que Dios ve todas las cosas, escucha el clamor de Su pueblo y honra a aquellos que permanecen fieles hasta el final.

Santiago comienza hablando con firmeza a los ricos que han acumulado riquezas de manera injusta. La Palabra dice:

“He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.” (Santiago 5:4)

Este pasaje nos enseña que Dios es un Dios de justicia. Puede que en este mundo haya personas que sufran abusos, engaños o injusticias, pero ninguna lágrima pasa desapercibida delante del Señor. Él escucha el clamor de los humildes y hará justicia en Su tiempo.

Como creyentes llenos del Espíritu Santo, debemos vivir con integridad, honestidad y amor al prójimo. Nuestro testimonio debe reflejar el carácter de Cristo en cada decisión que tomamos.

Más adelante, Santiago dirige su mensaje a los creyentes con una exhortación muy necesaria:

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor.” (Santiago 5:7)

Vivimos en una generación que quiere respuestas inmediatas. Sin embargo, el Reino de Dios nos enseña a esperar con fe. La paciencia no es señal de debilidad; es una evidencia de confianza en Dios.

Santiago utiliza el ejemplo del agricultor que espera el precioso fruto de la tierra. El sembrador no desentierra la semilla todos los días para ver si está creciendo. Él espera, confía y continúa trabajando.

Así también nosotros debemos perseverar. Tal vez has estado orando por un hijo, por un matrimonio, por tu salud, por un familiar inconverso o por una necesidad económica. Quizás llevas meses o años esperando una respuesta. No desmayes. Dios sigue obrando aunque tus ojos todavía no lo puedan ver.

La Palabra continúa diciendo:

“Fortaleced vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.” (Santiago 5:8)

Esta es una llamada a vivir preparados. Cristo viene por una iglesia santa, vigilante y llena del Espíritu Santo. No es tiempo de dormir espiritualmente; es tiempo de buscar más la presencia de Dios, de escudriñar las Escrituras y de mantener viva la llama del Espíritu.

Después Santiago nos recuerda el ejemplo de los profetas y especialmente el de Job.

Job perdió bienes, salud y familia, pero nunca dejó de confiar en Dios. Hubo momentos en que no entendía lo que estaba viviendo, pero permaneció firme. Finalmente, Dios restauró todo lo que había perdido.

Muchas veces nosotros también atravesamos pruebas difíciles. Hay enfermedades, persecuciones, pérdidas y momentos de silencio donde parece que Dios no responde. Sin embargo, la Escritura declara que el Señor es muy misericordioso y compasivo. Él nunca abandona a Sus hijos.

Uno de los pasajes más conocidos de este capítulo habla acerca del poder de la oración.

“¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas.” (Santiago 5:13)

La oración no debe ser nuestro último recurso; debe ser nuestra primera respuesta. La iglesia pentecostal ha sido llamada a ser una iglesia que ora, que busca el rostro de Dios y que cree en el poder sobrenatural del Espíritu Santo.

Cuando una iglesia deja de orar, pierde fuerza espiritual. Pero cuando el pueblo de Dios se humilla, clama y busca Su presencia, suceden cosas extraordinarias. Dios todavía salva, sana, restaura, libera y bautiza con el Espíritu Santo.

Santiago también declara:

“Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará.” (Santiago 5:15)

Creemos en un Dios que sigue haciendo milagros. Él continúa siendo el mismo de ayer, de hoy y por los siglos. Aunque reconocemos que toda respuesta está en Su perfecta voluntad, nunca debemos dejar de creer que para Dios no hay nada imposible.

Más adelante encontramos un ejemplo poderoso:

“Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese… Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia.” (Santiago 5:17-18)

Elías no era un superhombre. Era un ser humano como nosotros. La diferencia fue que creyó, obedeció y oró con fervor. Esto nos enseña que Dios puede usar a cualquier creyente dispuesto a vivir en obediencia y dependencia del Espíritu Santo.

Finalmente, Santiago termina con un llamado al amor por las almas.

“Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.” (Santiago 5:19-20)

Nuestra misión no consiste solamente en asistir a los cultos. Hemos sido llamados a llevar el evangelio de Jesucristo, a restaurar al caído, a orar por los necesitados y a anunciar que Cristo salva y transforma vidas.

Hoy más que nunca el mundo necesita conocer a Jesús. Hay personas viviendo sin esperanza, sin paz y sin dirección. Nosotros tenemos el mensaje que cambia corazones: el evangelio de nuestro Señor Jesucristo.

Que Santiago capítulo 5 nos impulse a vivir con paciencia, perseverancia, integridad, una vida constante de oración y un profundo amor por las almas. Que cada día podamos caminar guiados por el Espíritu Santo, esperando con gozo la gloriosa venida de nuestro Salvador.

Que el Señor fortalezca tu fe, responda tus oraciones conforme a Su voluntad y te conceda permanecer firme hasta el fin.

Amén.

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